SAN JERÓNIMO: EL TRADUCTOR DE LA BIBLIA

El 30 de septiembre es el Día Internacional de la Traducción, que se celebra cada año el día de San Jerónimo. San Jerónimo podría ser uno de los traductores históricos más famosos, debido a sus influyentes traducciones de la Biblia en el siglo IV. Además de ser conocido como el Santo Patrono de los Traductores.

Eusebio Hierónimo1​ (en latín, Eusebius Sophronius Hieronymus; en griego, Εὐσέβιος Σωφρόνιος Ἱερώνυμος) (Estridón, Dalmacia, c. 340 – Belén, 30 de septiembre de 420), conocido comúnmente como san Jerónimo,1​ pero también como Jerónimo de Estridón o, simplemente, Jerónimo1, el principal erudito bíblico de la antigua Iglesia. Su traducción de la Biblia, junto con sus comentarios y homilías sobre los libros bíblicos, lo han convertido en una fuerza intelectual importante.

Jerónimo de Estridón nació en Estridón (Dalmacia)  cerca del año 340. Estudió en Roma y allí fue bautizado. En una visita a Tréveris, se sintió atraído por la vida monástica, que probó en una breve pero infeliz experiencia como ermitaño en los desiertos de Siria. En Antioquía, continuó sus estudios en hebreo y griego. En 379, fue a Constantinopla donde estudió con Gregorio de Nazianzus. De 382 a 384 fue secretario del Papa Dámaso I. Fue Dámaso quien le puso la tarea de hacer una nueva traducción de la Biblia al latín, a la forma popular de la lengua, de ahí el nombre de la traducción: la Vulgata. Después de la muerte de Dámaso, Jerónimo regresó a Oriente y estableció un monasterio en Belén, donde vivió y trabajó hasta su muerte el 30 de septiembre de 420.

Jerónimo es mejor conocido como el traductor de la Biblia al latín. Una versión anterior (ahora llamada el latín antiguo) existía, pero la versión de Jerónimo la superó con creces en cuanto a la doctrina y la calidad literaria. Jerónimo estaba bien familiarizado en latín clásico (así como en griego y hebreo), pero deliberadamente tradujo la Biblia al estilo del latín hablado y escrito por la mayoría de las personas en su tiempo. Este tipo de latín se conoce como Vulgata  (de “vulgata editio”, “edición para el pueblo”) que significa el latín de la gente común, y por lo tanto la traducción de Jerónimo se llama Vulgata, la versión “popular” de la Biblia.

Además de la traducción de la Biblia y de las notas religiosas, San Jerónimo es también muy conocido por sus comentarios sobre la traducción. Uno de los motivos que a menudo aparecen en sus cartas y tratados es la cuestión de las traducciones literales, palabra por palabra. Como respuesta a sus críticos que lo acusaban de desviarse del texto fuente, afirmó que al traducir “daba sentido al sentido y no palabra por palabra”.

Jerónimo al hacer su trabajo trató de ser lo más exacto posible del texto hebreo que manejaba (Septuaginta), pero no obstante sus esfuerzos, la Vulgata contenía muchos errores contextuales y el primer error fue la libertad de la traducción que tuvo en cuanto a que  le pareció que podía hacer leves modificaciones cuando le parecieron convenientes. Eso hace que se considerare que la Vulgata no es una traducción del todo fiel y precisa, sino que, en el intento de dar un mejor sentido a las palabras, su estructura se vió ligeramente modificada.

Otro de los puntos que se señalan entre las criticas es que para la traducción literal del hebreo al latín, utilizó la traducción del hebreo unificado; por lo tanto la traducción al latín sería en sí misma, la segunda vez que se traducen las palabras bíblicas y por supuesto algunos pasajes bíblicos podrían ser modificados o influenciados por esta problemática.  Un ejemplo es que por muchos siglos las esculturas y pinturas representaran a Moisés con cuernos. El Santo, en su traducción, confundió ‘karan‘ (radiante, en hebreo) por ‘keren‘ (cornudo), dado que el hebreo no emplea vocales.

Moisés, esculpido por Miguel Ángel, en la basílica de San Pietro in Vincoli, en Roma.

Este es un dilema al que se enfrentan los traductores tantísimos años después. Es una línea fina en la que los traductores deben caminar y sus decisiones están influenciadas por muchos factores como el propósito de la traducción, el tema o las instrucciones específicas del cliente.

Hay ciertos casos en los que tienen que optar por soluciones más creativas, por ejemplo cuando traducen modismos o jerga. Además, cuando se trabaja en lemas publicitarios o libros para niños, los traductores también pueden necesitar poner las soluciones rápidas por encima de la precisión. En estas situaciones, sin embargo, cualquier cambio en el texto fuente se debe discutir en detalle con el cliente para evitar cualquier malentendido.

Las traducciones literales son a menudo necesarias, pero también es de saber cuándo es imprescindible hacerlas de tal manera. Por ejemplo, para traducciones médicas o jurídicas, en las que incluso el más mínimo cambio en la fuente puede tener resultados indeseables.

A pesar de las inexactitudes, la Vulgata fue declarada versión oficial de la Biblia por la Iglesia Católica. Es de destacar que San Jerónimo fue un verdadero legado de reflexiones sobre la traducción como proceso y como producto en una época en la que no existía un concepto de traducción o ciencia que estudie la traducción. Legado sin duda, heredado de San Jerónimo, de sus reflexiones las cuales surgieron directamente del ejercicio de la práctica, y fueron recogidas en los prefacios y prefacios de sus traducciones para explicar el porqué de sus decisiones a la hora de traducir.

San Jerónimo ya era consciente del valor de la traducción como puente lingüístico-cultural; de la necesidad de una buena formación humanística para ser traductor; del papel del autor que desempeña el traductor; de la necesidad de conocer perfectamente no sólo la lengua de origen, sino también la lengua de destino, porque sin su dominio no se puede transmitir correctamente el significado del texto; de la necesidad del traductor de leer cualquier libro que le ayude a entender un texto; de la importancia de buscar documentación y traducciones anteriores; de la urgencia de un análisis previo del texto y de la conveniencia de trabajar primero en el texto para, desde su comprensión, facilitar su traducción.

En cuanto a los temas traducidos ha sido una gran contribución hecha consciente y deliberadamente por el mismo San Jerónimo a las futuras generaciones de traductores. Mencionó en sus escritos los diferentes problemas con los que se enfrenta el traductor: gramaticales, léxicos, significativos, culturales, cognitivos, textuales, lingüísticos y extralingüísticos; su fórmula para trazarlos se obtuvo a través del estudio, de la formación clásica y de la lectura constante. Por otra parte, uno de los mayores debates sobre la traducción y que, a su vez, es una cuestión de vital importancia dentro de la enseñanza de la traducción es si la traducción debe hacerse palabra por palabra a partir del texto original o si debe tenerse en cuenta el sentido de una mayor unidad textual. Como él mismo lo dijo “non verbum e verbo, sed sensum exprimere de sensu” es decir, “no expresando palabra por palabra, sino sentido por sentido”2.

Hoy en día, son muchas las instituciones como las universidades, academias y asociaciones las que ofrecen una formación completa tanto para estudiantes como traductores profesionales quienes por precios competitivos, así como las agencias de traducción, pueden ofrecer un servicio garantizando una alta calidad y ejerciendo esta profesión con los principios de la ética. ¡Honremos a San Jerónimo, honremos nuestra profesión!

 

Referencias:

1https://es.wikipedia.org/wiki/Jer%C3%B3nimo_(santo)

2 http://www.dixit.es/patron-traductores-san-jeronimo/

BARBERO, María. Los cuernos de Moisés [en línea]. La Linterna del Traductor. Junio 2011, n° 5.

MARTINO ALBA, Pilar. San Jerónimo: traductor y traductólogo. Alicante: Grupo de investigación HISTRAD. Universidad de Alicante.